----- La primera edición del maratón de Pamplona nos exige a quienes habitualmente entrenamos por sus calles, parques, barrios, rincones y polígonos industriales, dar la cara. Creo que seremos un nutrido grupo de corredores los que saldremos el día 28 de junio, a la carrera corta, a la media o a la prueba reina, con el compromiso de cumplir un papel obligatorio: hacer que esta primera convocatoria sea un éxito y empujarla así por un cauce adecuado.
----Lo más bonito es el hecho de poder contar con una carrera así en nuestra capital y el atractivo de terminar corriendo por la calle Estafeta emulando al encierro para alcanzar la meta en la plaza de toros. Final original y atractivo para aquellos corredores autóctonos y foráneos que, con una semana de antelación, deseen sentir de cerca el aliento de los morlacos abriendo la fiesta de san Fermín.
-----Los problemas de esta carrera, especialmente del maratón, pueden ser al menos dos: la temperatura y la orografía del recorrido.Pamplona está situada sobre una especie de meseta en la que no se pueden salvar algunos desniveles que endurecen la prueba.
----En mi caso, como es habitual, voy justo de entrenamientos; pero prometo meter horas durante este mes de mayo. Nada más bonito para entrenar que los parques llenos de flores y la sonrisa de la primavera. De momento, hoy voy a cumplir con mi plan de preparación y enlazaré cuatro días seguidos de comunión entre las zapatillas y el asfalto. Mi carrera más larga durante este año ha sido el medio maratón del Camino (Nájera-Santo Domingo), espero hacer una o dos tiradas largas en estos dos meses escasos que me quedan y poder afrontar mi quinto maratón en condiciones.
Amigos de la Vuelta del Castillo, de Javierada
De Monreal a Javier
jueves, 8 de mayo de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
Me vais a permitir una reflexión
que llevo digeriendo en mi cabeza desde hace años, cuando visité la Toscana. En
las primaveras, y ya llega pronto nuestra primavera, hay un paisaje que siempre
me traslada a estos paraísos. Subiendo de Artajona o bajando a Artajona, según
se mire, ese tramo que hay entre Artajona y el Carrascal, y que, por otra
parte, se hace extensivo por bastantes parajes de la “zona media” de Navarra, se me antoja de
ensueño. Oscilación de suaves laderas verdes, con setos naturales de zarzas y
chaparros, de encinas y bosque bajo, laderas de cereal abundante, de cielos
claros y pájaros cantando, de caminos blancos tan blancos como los de Antonio
Machado.
Bajaba ayer a mi pueblo y me volvieron el paisaje y los sentimientos de siempre. La “Txapela” es la antesala de un descenso y
como si de un mirador se tratara, algunas curvas dibujan, al fondo, la silueta
de “el Cerco”, que por arte de magia
aparece y desaparece conforme pasan los kilómetros. Decíamos la bajada… es una bajadica que va
dejando a los lados laderas alegres, espuendas llenas de flores. Ahí están nuestros
almendros, aquellos que plantaron nuestros padres, quizá nuestros abuelos,
están cantando la primavera venidera en estos días primaverales del final del
invierno. Con esas flores blancas y rosas, rosáceas y blanquecinas, flores de
miel y amarillos estambres, flores soñadoras, nubes algodonadas en los brazos
de los almendros, patente de alcanfor. Derecha e izquierda, arbolitos
florecidos que parecen enjambres de pétalos…
líneas sobre líneas haciendo regazos de montículos suaves. Entre tres
ramas de almendros florece “el Cerco” y se clava en nuestra retina una
panorámica hermosa del buque insignia de nuestra historia. Se configuró con un
encuadre adecuado, una estudiada estrategia, la luz privilegiada de la mañana y la mano
experta de los artistas. De todas las perspectivas de la muralla, esta es la
que más me gusta.
Nadie lo plasma mejor que mi
amigo José Ignacio.
Un abrazo,
Ángel Mª Andueza
miércoles, 5 de marzo de 2014
Nájera - Santo Domingo: media del Camino
-muy dura -
Sábado 1 de marzo: Todo el día lloviendo en Artajona. Sin viento y
poder ir a pasear por el Cerco bajo la lluvia, como si de un cuento se tratara.
Y mañana qué día tendremos por Logroño.
Llegó mañana, tiempo muy bueno, 13 grados,
contra las previsiones que yo conocía, temperatura agradable para ir a correr. Había
que cambiar planes sobre el vestuario. Toda la
ropa en la que había pensado nos sobraba.
Puesta en marcha hacia Santo Domingo
a por el dorsal. Allí buscamos un bar para
tomar un café y entrar en el baño. Vamos muy justos de tiempo, hay que volver para Nájera de donde
partía la carrera. Llegamos justos. Paramos junto al rio y termino de prepararme
para ir corriendo a buscar la línea de salida. Me acerco a las inmediaciones de
la colegiata de Santa María la Real, ese monumento en el que se rinde culto a
los reyes de Navarra y en el que guardan los grandes recuerdos de una “reinica”
de Artajona que falleció siendo casi una niña, cuando daba a luz a Alfonso
VIII, el de las Navas…). Bueno, a lo que iba. Las salidas tienen su encanto,
su nerviosismo para algunos. Menos poético
de lo que parece ya que algunos corredores andan buscando baños, mirando relojes, preparando calentamientos… Y llegó la salida, sin apenas tiempo para
calentar.
Una cuesta de aperitivo, de miedo, bien grande. Sabía que era dura
pero no tanto. En la línea de salida aproveché el tiempo para hablar con la
gente. Impresiones sobre la dureza del recorrido, tiempos posibles, etc. Voy de despistado.
Por allí veo un corredor disfrazado de medieval, pues allí que voy . Qué hace aquí un medieval con estas
trazas . Y me cuenta. Le pregunto por la ropa, por el coste de la ropa, por todo que se me
ocurría. Me cuenta que ha venido
recientemente de Teruel. Y yo pienso en
mi Teruel, añorado Teruel, la ciudad de
los amantes. Yo soy de Artajona, tenemos
medievales, ya hablaremos. Vamos
por las cuestas “oye, medieval
templario, en cuánto tiempo haces la
carrera? - 1,29. - Hala, a ver si te sigo. Vestido de esa guisa adónde
vas, hombre. Bueno, este año no haré 1,29. - Yo tampoco.
No hay bajada. Algún falso llano. Es dura. Subidas. Luego viene el barrizal, dos o tres km de
barro. Las zapatillas clavadas en el barro todo el camino, la pista llena de pisadas de barro, por
delante de mí igual van 200 personas. Me
doy la alegría de adelantar a algunos corredores. Atrevido. Siguen las cuestas,
me adelantan algunos a los que había
adelantado. Comprendo que tengo que tomármelo
con más calma. “Luego viene lo duro”, dicen, “en
el km 12/13 la gente se queda clavada”. Veo el alto “será eso” “sí, eso y algo que luego continúa”. Hemos dejado el barrizal, a veces nos hemos
metido por una finca sembrada evitando la
impracticable pista. En la cuesta voy a
aprovechar para meterme un gel y una barrita
energéticos. Algunos corredores
suben andando . Me resisto a subir andando por dura que sea. Ya acaba… El km. 13 se hace más largo que el 12 y
además no hay bajada. Casi siempre está cerca el camarada medieval, cuyo
atuendo debe de ser una especie de penitencia este año que la semana santa cae más
lejos. Alimentarse en la subida no es mala idea y me ha venido muy bien. El Camino
de Santiago continúa con falsos llanos. Rompe piernas.
Mi tiempo no va a ser como el de anteriores
medias pero por lo menos a ver si
maquillamos un poco el resultado. No sé dónde están los viñedos que anunciaba
el cartel del acontecimiento “entre viñedos”, acaso el cansancio no me ha
dejado disfrutar del paisaje ni de los almendros que tienen que estar en flor,
como es de rigor por estas fechas.
Y la carrera sigue. Corremos ya por el Km 17. Parece que lo duro se acaba, por fin bajada. Tenemos delante Santo Domingo.
Me dejo caer. Es semejante a la
entrada en Donosti con la Behobia. Busco los indicadores del km 18 y el del 19.
Ya no queda nada, esa nada que en los últimos km se eterniza. Entramos por las calles de la ciudad. Me adelanta un chico, es joven y tiene pintas de atleta , ni me
planteo seguirle. Me adelanta una chica,
me planteo algo, mas concluyo lo de siempre. Falta un km, si viene así es que está fuerte ¿para qué seguirla? Esta carrera tal vez no esté homologada. No sé
si son exactos los 21095, lo cierto es
que en esta ocasión la meta se me echa
encima muy pronto, parece que demasiado pronto. Treinta metros antes de la
meta y donde aparecen unas nuevas vallas, me espera mi hijo. Enseguida sale en mi busca y entramos como dos
héroes “ papá, qué rápido”. “Adelante,
Ian, vamos a volar” y al pasar la meta nos
abrazamos. Luego aparece mi esposa y hago unos estiramientos y vamos al aperitivo
en La plaza de España donde el vino
es el mayor y mejor manjar. Está atestada de gente, Ian quiere jugar con los hinchables. Me pongo
un poco de ropa. La plaza es muy renacentista y la iglesia está adosada a una
casa. Un arbotante dibuja una curva cerca del ábside. Algunas casas rompen con
el entorno, son demasiado modernas. Aún
se conservan buena parte de los pórticos y los soportales. Para cuando salimos
de allí he cogido un catarro de notable consideración: supuración total de líquidos incontrolados,
viscosos y transparentes que desde las fosas nasales pueden alcanzar las
comisuras de los labios si no encuentran por el camino algún impedimento.
Vamos a comer a Ezcaray. En
la plaza había caído “mani a mani” casi una botellita. En Valdezcaray comemos bien. Es un pueblo bonito con muchos
bares y restaurantes. He llegado el 170,
más o menos, de más de mil, aunque se
han retirado unos cuantos y en meta no han entrado mil. No ha estado mal, creo
que ha sido un buen entrenamiento. A pesar de que la temperatura es similar a la de la mañana, la sensación térmica
es mucho más fría. De vuelta a casa, comienza a llover.
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jueves, 28 de noviembre de 2013
Maratón de Donosti - San Sebastián
Cuarta cita con el maratón, la tercera en Donosti. Dura y pesada casi interminable. Nadie puede imaginarse la ilusión con que el que suscribe anhelaba la meta. Qué forma de ir borrando kms a partir del 30. Parecía que nunca iba a llegar el estadio de Anoeta. 3h: 16´, no está nada mal.
Y el vídeo. Hay que esperar al minuto 17, por los segundos 30 (salgo a la izquierda, adelantando a otros corredores, voy de verde y con gorra) 37, 38, 39 y 40 para ver la entrada de este pequeño campeón, sufridor donde los haya. En el plano más cercano, por el segundo 40 se puede observar cómo la camiseta presenta unas grandes manchas de sangre derramada del pecho. Sufrimiento.
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Y el vídeo. Hay que esperar al minuto 17, por los segundos 30 (salgo a la izquierda, adelantando a otros corredores, voy de verde y con gorra) 37, 38, 39 y 40 para ver la entrada de este pequeño campeón, sufridor donde los haya. En el plano más cercano, por el segundo 40 se puede observar cómo la camiseta presenta unas grandes manchas de sangre derramada del pecho. Sufrimiento.
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lunes, 18 de noviembre de 2013
Behobia 2013 -Crónica
El día de la prueba.
La expectación
estaba por todo lo alto. Yo pensaba
que sería difícil hacer el tiempo
del año pasado pero tenía que intentarlo. No haber participado en ninguna
carrera después de la neumonía y el derrame pleural era todo un enigma y ya
solo quedaban horas para poder aclararlo.
No puedo negar que tenía algo de nerviosismo, que no es habitual, o por lo menos ha sido en otras ocasiones
más atenuado. Es la sensación que tengo
ahora y ya sé que me pasa que con el distanciamiento, a veces, tengo una visión distinta de una vivencia
determinada.
Incurrí
en algo que no hay que hacer: experimentos con la carrera. La tarde previa,
como he indicado en mi blog, hice acopio de sustancias que me pudieran brindar
mejor rendimiento. Estuve en Decathlon
y allí recolecté bolsitas con
vitaminas e hidratos de carbono, además
de un “power gel”, creo que con sabor a limón.
La verdad es que nosotros mismos nos creamos
presiones. Hace dos años tenía la presión de que corría por primera vez con
dorsal verde y lo tenía que defender a toda costa. Y me salió bien. La lluvia,
que no me gusta nada, posiblemente me benefició. Parece que todos mejoramos los
tiempos. Este año mi presión era
fundamentalmente la marca que había hecho el año pasado y el amor propio de
pensar que todavía puedo mejorarla, cosa que no ha sido posible. Razones: las
que sean, es lo mismo. Seguro que fuertemente convincentes.
Los experimentos con gaseosa. La noche previa me tomé un bidón
de agua con un sobrecito de esos y la mañana de la carrera otro. Y me llevé
para el autobús un botellín de acuarius. Daba la
impresión de que aquello me iba a dar muchísima energía. Cogí el autobús en el Tenis a
las 7,15. Había desayunado muy bien pero se me olvidó mi anhelado gel con el
que suponía que iba a subir Gaintxurizketa como una moto para enfilar Gros esprintando. Pero qué va.
Fallaron por lo visto más cosas.
Alrededor
de las 8,30 llegábamos a Behobia. No
llovía, buena noticia, porque las previsiones daban lluvia, mucha lluvia, y
era lo que menos quería. Alegría. La temperatura era buena y las sensaciones
daban pie a ser optimista. Pronto, consigna me permitiría deshacerme de la
mochila. Enseguida fui a buscar un café, especialmente quería coger unos azucarillos
que suplieran al olvidado “gel”. Quedaban pequeños detalles para comenzar a
calentar: alcanzar un urinario para evacuar ; pero tras esta operación surgió otra inesperada de igual o mayor necesidad.
Debía encontrar un baño para un apretón de urgencia. Adónde ir. Lo mejor, a uno de los bares que hay allí. Más limpieza,
más confianza, etc. Ya está. Hay que guardar cola. Los atletas parece que se
entretienen mucho en este quehacer de última hora y aquello se me hace muy largo, tanto que
decido salir de allí cuando solo tenía delante a cuatro o cinco. Parecía que no
acababan nunca y me quedaba la esperanza de encontrar en los baños
portátiles mayor fluidez. Me equivoqué.
En los baños provisionales se había acumulado
cantidad de gente pero ya no podía dar marcha atrás. Así que me quedé prácticamente sin calentar y
pensando que llegaría la hora de la salida y difícilmente estaría en mi
ubicación correspondiente. Cuando abandoné el escusado
me había quedado a gusto y aparentemente ligero.
Me dediqué a calentar un poquito. No veía a ningún
conocido. Cuando faltaban pocos
minutos para la salida, en el cajón de los verdes me encontré con mi amigo Javier con el que compartí gel
relajante y antiinflamatorio para engrasar las piernas. Como no éramos la mejor
pareja para la carrera, una vez dado el pistoletazo de salida ya no lo volví a ver. Me sacó cinco minutazos.
Empieza
el calvario.
Hay que ir cogiendo ritmo y es una pena
que no encuentre a ningún conocido que me pueda servir de liebre (referencia).
Tampoco se me ocurrió seguir a la liebre
de 1:25, por lo menos para intentarlo. Es más. A mitad de carrera me adelantó y
no me encontré con fuerzas para seguirla. De haber salido con ella tal vez me
hubiera servido de algo. Por aquellos
toboganes de Irún en adelante aguantaba el tipo como podía y por el km 5 no se
me iba tanto el tiempo respecto a la carrera del año pasado. Gaintxurizketa se me atragantó. La música que sonaba en el
lateral derecho, junto a los puestos de
avituallamiento, estruendosa, me pareció
un atropello acústico muy desagradable. Subí
como pude. Fueron los momentos que
pasé peor. Iba medio mareado, daba tumbos por la carretera, y es ancha,
pero lo mismo me veía por la orilla derecha que por la izquierda y al final
opté por mirar al suelo y esperar a alcanzar la cumbre. El suelo me producía el
efecto de la orilla del mar cuando uno mira hacia abajo y el movimiento de las
olas, lo balancea, inestable, con ellas.
Sabía que en el techo de la
subida respiraría y que en las bajadas
podría recuperarme. Cuando pasé por los toboganes que nos esperaban más
adelante, no me encontraba muy eufórico, las piernas me tiraban, el viento
soplaba y por el km 10 comprobaba que me estaba costando 2¨ más que el año
pasado. Ni la bajada de Lezo permitió que mis piernas volaran.
Para
el km 10 había devorado los azucarillos que me ayudarían a afrontar el alto
de Miracruz. Pero aún quedaba Pasajes, tendido y llano, con suficiente
tiempo para pensar que cerca aparecería
el alto de Miracruz y que coronándolo, solo quedaría dejarse caer hasta el Boulevard, eso sí,
con mayor o menor intensidad, con la intensidad que el cuerpo me lo permitiera.
El reloj estaba presente. Miracruz no
fue para tanto. Pondría un ritmo que no fuera muy exigente y a esperar cuándo acababa . Alguien gritó “Venga, Ángel” Y eso
lógicamente siempre se agradece. La Behobia es una carrera que ha cogido el
prestigio que tiene porque la gente está
encima de los corredores, animándolos durante todo el trayecto. Los paisajes
que no son urbanos, son verdes y el público apenas deja huecos en los arcenes
de la carretera, llueva, haga calor, frío o viento. Al tener los dorsales
nominados la gente te puede llamar por tu nombre.
El descenso en alguna ocasión me ha
permitido hacer alardes y adelantar a corredores, sin embargo, este domingo no
era el día. Algunos músculos no me lo permitían y prometí tener alguna contemplación
con ellos, que tanto me cuidan y a los que tanto quiero. Desde Gros a la llegada todo fue cálculo. Me interesaba llevar un
ritmo regular y no lanzarme a aventuras que no sabes cómo acabarán. Lo que
quería era ser capaz de ganar algo de tiempo porque por el km 18 pensaba que
podía alcanzar la hora 28 y, con la cabeza fría, fui capaz de arañar unos
segundos y concluir la prueba con 1h
27¨y muchos segundos.
Habían sido duras las subidas y las
bajadas, apenas chispeó, el viento dejó cantidad de gorras por el
asfalto y los alrededores y la gente nos abrigó calurosamente durante todo el recorrido.
Había
merecido la pena tanto esfuerzo, Llegaba el momento de la satisfacción. El
deber cumplido, la ilusión vivida, las buenas sensaciones…
Como en esta ocasión fui sin familia y
tenía abundante tiempo hasta la hora de coger el autobús de vuelta, me permití
un lujazo que hasta entonces nunca había aprovechado, un masajito. Habían habilitado una carpa amplia para reanimar los
maltrechos músculos y esto colaboró al
relajamiento de nuestros cuerpos castigados por la dureza del
recorrido. De allí, a las duchas de
la Concha, Aquello parece un campo de concentración, todos como alfileres
intentando conseguir un chorro de agua
con el que entrar en calor. Tras
la ducha, otra vez a la zona de las
carpas de recuperación. Había que guardar colas para conseguir algo de
comida con la que ponernos a tono. Plátanos, manzanas, canutillos de pasta,
bocadillos, caldicos, todo un derroche de atenciones para los corredores. Qué organización.
A continuación hice tiempo por la Concha y
cerca de las 2 de la tarde me acerqué al hotel Londres. Allí me enteré de la desgracia que había ocurrido: una
chica de Zizur había fallecido cuando enfilaba el último km
de la prueba. Conmoción.
Cuando sucede algo así lo primero
que sientes es tristeza y pena. Después, como no sabes quién ha sido, tienes
una gran necesidad de saber si ha podido ser de tu entorno y cuando ya sabes
que no, sientes un pequeño alivio, pero
pequeño, porque todos los corredores somos compañeros y solidarios y sabemos
que nos puede pasar a cualquiera. Siempre es una terrible desgracia y mi capacidad de empatía enseguida me traslada
a ponerme en su lugar y pensar lo injusta que es la vida. Cómo tan
inesperadamente puede segar una ilusión.
Como todos los participantes, Arantza habría estado preparando la carrera, se
habría cuidado y entrenado, y había depositado en la prueba una serie de
objetivos. Era un día de fiesta. La Behobia es un día de fiesta para los
corredores. Es una experiencia dura y bonita y parece ser que ella iba con su
mozo y una amiga. Si nos ponemos en el lugar de cualquiera de ellos ¡menudo
panorama! Seguramente no voy a olvidar nunca el nombre de este drama y solo
podemos desearle que descanse en paz. Murió haciendo algo con lo que
disfrutaba. A su familia nuestro más sentido pésame. Era de los nuestros y no
la olvidaremos.
sábado, 9 de noviembre de 2013
BEHOBIA 2013
.......... Es sábado noche. Van a dar las once y media. Lo de mañana es toda una incógnita. A ver. Al final no he salido ni el viernes ni el sábado ¡qué vagancia! Parece que esto no va con un corredor de fondo, ya veis.
.......... He ido a Decatlon y me he dedicado a hacer acopio de materias que me puedan servir. Dos sobres de polvos. Uno ya me lo he bebido con medio litro de agua y en el otro pone "iso +" Isotonic sport drink. También he cogido una botella de agua no sé si milagrosa y un gel super, ah, y una gorrita, que mañana nos espera lluvia. Al volver a casa, mi esposa me había preparado unos espaguetis. Estoy llenando los depósitos de combustibles y dentro de unas horas la emoción se disipará.
.......... Desde el último maratón, Donosti, noviembre, no he corrido en ninguna carrera. Por medio, el derrame pleural de enero, y ahora una prueba para ver qué tal me he recuperado ¡Toda una incógnita! Espero que todo salga bien y moverme dentro de mis tiempo. Alrededor de 1:25 estaría muy bien.
.......... Ahora me voy a pasear a la perrita, que hoy la hemos tenido casi todo el día en casa.
...........
........... ¡AGUR!
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.......... He ido a Decatlon y me he dedicado a hacer acopio de materias que me puedan servir. Dos sobres de polvos. Uno ya me lo he bebido con medio litro de agua y en el otro pone "iso +" Isotonic sport drink. También he cogido una botella de agua no sé si milagrosa y un gel super, ah, y una gorrita, que mañana nos espera lluvia. Al volver a casa, mi esposa me había preparado unos espaguetis. Estoy llenando los depósitos de combustibles y dentro de unas horas la emoción se disipará.
.......... Desde el último maratón, Donosti, noviembre, no he corrido en ninguna carrera. Por medio, el derrame pleural de enero, y ahora una prueba para ver qué tal me he recuperado ¡Toda una incógnita! Espero que todo salga bien y moverme dentro de mis tiempo. Alrededor de 1:25 estaría muy bien.
.......... Ahora me voy a pasear a la perrita, que hoy la hemos tenido casi todo el día en casa.
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........... ¡AGUR!
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jueves, 7 de noviembre de 2013
A PUNTO PARA LA BEHOBIA
..........Es arriesgado decir que estás a punto. Creo que el
entrenamiento ha sido suficiente hasta ahora para completar una carrera en
condiciones óptimas. No se puede perder de vista que el objetivo principal es
el maratón de Donosti del 24 de noviembre. El tiempo se nos ha echado encima.
Ante estas dos citas, la valoración primera es que para la Behobia voy mejor
preparado que para el maratón, y luego ya veremos cómo se desarrolla cada una
de ellas. Batir cualquiera de las marcas del 2012 no me resultará nada fácil,
es más, se me antoja muy muy difícil.
...........Los últimos entrenamientos: El
pasado domingo completé casi 29 km., lo que suponía la carrera más larga de mi
preparación, y un detalle, al menos 20 de ellos los realicé a un ritmo que me
exigía esfuerzo, lo que al final me pasó factura. El lunes tenía agujetas como
si hubiera hecho una Behobia: malo. Esta semana se ha convertido en tiempo de
descanso y de recuperación. El martes salí
alrededor de cuarenta minutos , muy suave, y hoy jueves estaré al menos
durante una hora. Me gustaría además salir suave el viernes y el sábado. Ya os
contaré.

...........Quien suscribe, y por segundo año, llevará dorsal verde. Pasar del rojo al verde me hizo una gran ilusión. Espero poder defenderlo con uñas y dientes.
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