con mi amigo Jaime y un campeón del mundo

con mi amigo Jaime y un campeón del mundo
haciendo historia

martes, 8 de noviembre de 2016

A MARTÍN, ENTRENADOR DE OSASUNA HASTA AYER, 7 DE NOVIEMBRE

Los osasunistas que valoramos los logros de Martín con el equipo no podemos entender cómo la Directiva no confía más en él. No podemos entender cómo se le olvida a la Directiva de dónde venimos y otras cosas... Martín se merecía incluso bajar con el equipo ¿sería tan grave? ¿No lo subió él con cuatro chavales? Martín sería capaz de enderezar esta nave, seguro. Pero nunca creyeron mucho en él.
Aquí os presento un soneto dedicado a Martín.

Aúpa, Martín, el de Campanas,
Salvador prodigioso de Osasuna,
Defensor de su escudo y su fortuna,
Nervio,  rasmia,  pasión y muchas ganas.
Héroe de hazañas nada cotidianas,
Hacedor de este equipo,  todos a una,
Te echan de manera inoportuna.
¡¡¡ Martín tú si que le echas ganas ¡!!
No te alejes mucho de Tajonar,
Tus chicos necesitan de tu aliento,
Y el Sadar necesita tu  latido,
Aunque sea de un corazón partido
Que lucha por salir del desaliento.

Tranquilo. Nos volverás a salvar.

sábado, 8 de octubre de 2016

III SAN FERMÍN MARATHON



Parecido al maratón del año anterior pero un poco menos duro. No hizo aquel calor asfixiante y me salió algo mejor. 3h 36´. Mis carrera de 42 km. más duras, las de Pamplona,  y mis peores tiempos. 




domingo, 13 de marzo de 2016

JAVIERADA_2016__Los caminos que llevan a Javier

De Monreal a Javier en una mañana fría pero sin lluvia, con el viento a favor y mucha gente que fuimos dejando atrás, en nuestro ánimo una meta: Javier. Relajados y animados,  nos quedamos en nuestro grupo Angelines, Javier, Petu y Patxi, y nos lo tomamos con bastante tranquilidad para no sufrir más de la cuenta. Lo peor, las duras rampas de Sangüesa a Javier y 30 km a nuestras espaldas. Después la foto de llegada, el almuerzo, gentileza de Edurne y Arturo, y la visitica al santo. Ha sido mi segunda galopada a Javier. En esta ocasión hay que agradecer a nuestro amigo Miguel su papel de intendencia, supervisión, avituallamiento, apoyo,  etc. etc.
Ambiente festivo, muchos peregrinos, gente llegada de todas las partes de Navarra y de fuera de nuestras comunidad, muchos romeros, unos con cruces, alguno descalzo, otros con cruces en el alma, muchos ciclistas, jinetes con sus caballos, etc. EMOTIVO.







lunes, 21 de diciembre de 2015

BEHOBIA 2015

   

Da la impresión de que entro ligero y bien. Por el segundo 23.
2015
3181
ANGEL MARIANDUEZA MARTINENA
01:32:13


152
ARTAJONA


      Carrera dura, llena de toboganes y con varios puertos que en un día como el de ayer, con 25 grados, se pueden hacer insufribles. No sé si por ser la última,  tengo las sensaciones más vivas,  o es que cada año se me hace más dura. Solo sé que  mis dos carreras oficiales en las  que he participado  últimamente, se me han hecho eternas, en las dos me ha pesado el calor, en las dos he echado el coraje de caminar cuando lo he creído conveniente  y en las dos he pensado que tal vez no las terminaría. Aunque siempre me ha quedado aquello de “si es necesario a cuatro patas”.  Luctuosa noticia la que me transmitió mi paisano Benjamín – posiblemente el mejor fondistia que hoy tiene Artajona, sin olvidarnos de Fernando Ironman y algún  otro valiente- que un joven de Berbinzana, cerquita de nuestro pueblo, para los que no lo sepan, falleciera.  Es para que se nos pongan  los pelos como escarpias.
      Mi carrera fue de traca. Es verdad que salía de una lesión y que me había preocupado de cuidarme especialmente los días previos, incluso había hecho la de las “Murallas” de Pamplona para probarme, y lo cierto es que pensaba que estaba como siempre, bien. Pero ¿qué pasó? Posiblemente el calor, la ingesta de unos geles que no suelo llevar y hacían que mi boca se sintiera seca, a pesar de que me hidraté  todo que estuvo a mi alcance y más, o el almuerzo que me comí en Behobia antes de salir. Esto ya fue la bomba. Me acerqué, como suelo hacer, a un café con la intención de tomarme un refrigerio con azúcar, pero ante la bollería,  algo incauto,  pensé que a ver por qué no,  ¡igual me iba bien y todo!.  Y, señores, ni corto ni perezoso, me metí entre pecho y espalda una napolitana con abundante crema,  hora y media antes de la salida. Pensé:  “Igual, hasta me viene bien”. Luego fui a juntarme con los de la Vuelta del Castillo, nos sacamos la foto de rigor,  y a buscar la salida. Soy de los privilegiados porque salgo de los primeros, con mi dorsalito verde, a las 10:03, salía y creía que andaría por mis tiempos habituales, 1: 26 más o menos;  pero se me fue el reloj hasta la hora y 32. Lo peor fue recorrer esos veinte kilómetros. Salí  a un ritmo que pensaba que podía aguantar y  enseguida vi que aquello era fantasía,  duró 5km,  para el km 10 ya iba a un tiempo que no me gustaba, sin embargo,  no era eso lo peor, lo peor era que en el km 10 estaba reventado. Sí, como suena. Te imaginas estar reventado en el km 10 cuando tienes en la cabeza que te quedan otros  tantos y que hay varias subidas. Me vino a la cabeza el Maratón de junio y, como siempre, surgió en mi cabeza aquello de quién coño te manda meterte en estas batallas  y todas esas historias. Y lo de siempre: apretar los dientes y a correr con un poco de cabeza.

Los dos  primeros km fueron al ritmo que me gustaba, incluso los primeros 5 km encajaban perfectamente en mis objetivos pero en las primeras rampas duras pude comprobar que algo iba mal. Si Gaintxurizketa son  dos kilómetros y medio de subida, nunca en las ediciones anteriores se me habían hecho tan duros y fue  donde por primera vez decidí tomármelo con calma y descansar. Un tramo lo subí andando, después seguí y llegó la cuesta abajo. No recuerdo ni si apreté aunque supongo que sí. Cuando me presenté en el km 10 pude comprobar que había invertido unos dos minutos más de los que entraban en mis cálculos y a partir de ahí había que dosificarse porque pintaban bastos,  y a 25 graditos de temperatura. Cada puerto de avituallamiento suponía un respiro. Por Rentería decidí tomarme el segundo  gel que me había preparado,  con tranquilidad y con aguita,  para que no se me quedara en la boca la sequedad que arrastraba. Tenía por delante la subida de Capuchinos, otro pequeño obsequio de la Behobia (subidita al canto). Después,  una bajadita y a mentalizarse para subir el alto de Miracruz. La napolitana que me había tomado con café antes de la salida me envíaba saludos de vez en cuando y sabía que en Miracruz se me convertiría en un “garrote”  o tal vez en un “garrotazo” –que decían en mi pueblo-. Había que estar tranquilo y dosificar. Decidí subirlo despacio. Prohibido pararse, no fuera a convertirse en un vicio. Y así subimos poco a poco a la rueda de algún compañero de fatigas cuyo ritmo me interesaba para no desgastarme demasiado. Una vez arriba, soñaba con el km 18, parecía que no llegaría nunca; también pensé que no podría acabar la carrera. Ya estaba hecho, era cuestión de sufrir un poco más. El 19 llega solico,  detrás del 18. La gente anima. Solo un km, sí,  solo un km. Pamplinas. No puedes con el alma y oyes por megafonía que solo queda un km. La percepción e este km siempre parece de ficción  porque se hace el más largo. Ves arcos hinchable. Con mi experiencia ya sé que eso  indica algo pero poco. No era cuestión de volverse loco. Efectivamente,  cuando alcanzas el primer arco, ves que quedan otros tanto y que ni siquiera divisas la meta. Se puede tratar de 500 m.  Llevaba la boca seca,  muy seca, pides agua alrededor y nadie te oye. Hay un jaleo abrumador. Suena la música por megafonía.  Tienes  la boca excesivamente seca,  casi enferma,  notas los tejidos de la boca como esponjas y solo quieres agua. Por fin, cruzas la meta. Nadie tiene agua a mano. Te remiten a la salida de la zona de llegada. Lo mejor es que ya se ha acabado. Después, lo de siempre. Que si el chip, la bolsa del corredor,  buscar a la familia, las duchas, etc.  El calor sirve para algo más que sufir: Se puede disfrutar un poco del mar.

 ¡ Hasta el año que viene!.

viernes, 23 de octubre de 2015

Corriendo por la vuelta del Castillo --- Pamplona

Corriendo por la vuelta del Castillo



Viernes a mediodía
Otoño soleado
Catorce grados
Sube la temperatura
Mañana limpia y clara
Intenso cielo azul
Y sendas de oro fino
Junto a la fina plata
Brilla el resol de estaño
Corro por el sendero tan feliz…
Mediodía de orquesta acompasada
Equilibrio de músculos al ritmo del esfuerzo y el alma
El termómetro sube un par de grados
Otra vuelta
A las hojas del suelo
El suelo está cubierto
De hojas vivas y muertas
Marrones y amarillas  son pinceladas puestas
Superpuestas sobre otras
Mis pasos son de atleta
Que bendice la gracia de las cosas
Mientras corro disfruto
De tanta luz y tanta transparencia
Los árboles, las sendas y el color de las hojas.
Hay tramos de arboleda
Ocre y dorada parda
Luz pálida en las ramas
Verde que ya no es verde
Junto al verde con erres
Marrones de cebada
De trigo y de castaña
Rodeado de otoño
Las piernas del atleta se endurecen
Rodeado de selva
Respiran los pulmones del atleta
Y la luz va ocupando los espacios
Vacíos que contemplan
Otro día de octubre
Alegre y cristalino
Para satisfacer a los transeúntes
Que aprovechan y pasan
A la vera del parque.
Mañana limpia y clara
Intenso cielo azul
Y sendas de oro fino
Junto a la fina plata
Brilla el resol de estaño

Corro por el sendero tan feliz…

miércoles, 15 de julio de 2015

Crónica de mi maratón -San Fermín Marathon -2ª edición.

La salida del infierno fue triunfante. Desanimado como iba, la llegada a meta permitió el estallido de endorfinas por todas partes. Cuando vi la clasificación fue otro motivo de alegría, el 118 no estaba nada mal a pesar del tiempo.
Con Ian
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Crónica breve de un esforzado korrikolari

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          Y dos kms de propina.
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          No esperaba hacer la mejor marca de mi historial aunque tampoco fuera tan difícil. No esperaba sino una discretísima carrera sin grandes esfuerzos añadidos y salió lo que salió, como si de un boleto de la tómbola se tratara. Dentro de mí ronroneaba la idea de que tal vez se le podría rebajar un par de minutos a la maratón del pasado año. Tuve casi todo el día para mí solo, para estar relajado, y aun así, como casi siempre, algo habría de alterar mi tranquilidad a última hora. Cuando creía que todo iba a pedir de boca, alrededor de la 7, 30 p. m., sacaba de la bolsa que me habían entregado en Irabia mis cosas y observo que la carrera comenzaba a las 7:40. Una sacudida de incredibilidad me golpeo hasta el alma. Estaba convencido de que la salida era a las 8.
          Con el azoramiento propio de la situación, me coloqué el dorsal y “echando pipas” salí corriendo a la calle: San Juan, Hotel de los Tres Reyes, Paseo Sarasate, y, con el suspiro de quien se está jugando algo, alcancé la Plaza del Castillo. La salida de los corredores estaba blindada por un vallado incómodo de saltar, que además los espectadores defendía como un fortín. Tras encontrar un espacio, alcancé una apertura que me comunicaba con el lugar indicado para tomar la salida. También estaba abarrotado de corredores: no cabía un alfiler.
          Sea como fuere, el hecho es que sonó el pistoletazo de salida y el pelotón se fue soltando, extendiendo, expandiendo y estirando por el recorrido. Deportistas dispuestos a devorar kilómetros, 21, 42… atletas que podrían ser héroes de sí mismos, criaturas ávidas de superación, entusiastas de retos difíciles.
          Sabíamos que las condiciones meteorológicas no eran las mejores y que podían pasar factura pero desconocíamos hasta qué punto. Los primeros 21 km salieron según el guión. Fui con mi paisano Juan Ramón González, que corría su segunda maratón, y nos lo tomamos con bastante calma cerca de la liebre de 3:30. En el puente de la Taconera me animaron mi mujer y mi hijo. A lo largo de todo el recorrido fueron muchas las personas que me animaron, especialmente amigos de la Vuelta del Castillo.
          Mi planteamiento era alcanzar los primeros 21 km a cinco minutos y a partir de ahí, en la segunda vuelta, apretar. Sin embargo, este objetivo se desmoronó pronto como un azucarillo en el agua, según mis músculos y piel se convertían en sudor agobiante. Por el km 30, el sufrimiento se convirtió en mi sombra. Unas molestias en el pie derecho me recordaban mi fragilidad. En el avituallamiento arramplé con cuanto estaba a mi alcance. Me paré y tomé de todo, sobre todo “aquarius”.
          De nuevo en carrera, el km 35 era una obsesión y se hizo eterno. El km 35 suponía otro puesto de avituallamiento y la posibilidad de saciar algunas flaquezas humanas. La siguiente estación de este “vía crucis” era el km 40. En esta ocasión había una agravante: la subida del Portal de Francia. Aprovechando el descampado de las murallas y la nocturnidad y la falta de público, me tomé un descansito y subí andando unos metros para entrar en el casco viejo con garbo y alegría ante un montón de gente que me animaba. Ese tramo fue muy bonito. Mucha gente, buen ambiente, enseguida alcancé Chapitela, era el momento de disfrutar. Todavía tenía ganas de disfrutar después de lo que psicológicamente había sufrido. Tanta gente animando. Como en la edición anterior, Fausto, amigo de la “Vuelta”, salió ahí para darme ánimos. La Plaza de Toros la tenía en la palma de la mano, estaba al alcance de mis zapatillas, y entonces aparece mi hijo, como una batería recién cargada, para desatar toda la adrenalina de mi cuerpo y eclosionar en el callejón. Pasamos la línea de meta y el albero, a ritmo de megafonía, nos felicitaba. En ese momento, mi amigo Fernando subía al podio como un campeón. Para mi hijo yo soy un campeón.

martes, 30 de junio de 2015

Llegada a la plaza de toros en la San Fermín Marathon


Muy buen ambiente por el casco viejo. Buen ambiente deportivo y mucha animación.
Sangre, sudor y lágrimas en la prueba más dura con la que he topado. El calor hizo estragos. Llegué a perder casi 25´respecto a la del año pasado.