con mi amigo Jaime y un campeón del mundo

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haciendo historia

domingo, 1 de febrero de 2015

31 de enero, inundaciones por Pamplona

     Sábado, 31 de enero,  ocho y media de la mañana. Llueve. Pamplona es una ciudad silenciosa. Algunos de los Amigos de la Vuelta del Castillo nos dirigimos al banco. Pocos. No está el día para animarse mucho. Quien suscribe sale por obligación ya que durante la semana apenas ha entrenado. En el banco, santo y seña de grupo,  enseguida nos agrupamos en dos. Dejo  que los amigos Fernandos  (Zaratiegui, Moreno  y Martínez)  y Javier Muñoz se vayan por un lado: si voy con ellos seguro que me hacen sufrir y sufrir para nada es tontería. Me voy con Álvaro, Luis, otro Luis, Fausto, Manu y Javier. El ritmo va a ser suave y vamos a estar hora y cuarto. No está mal. Cae continuamente una lluvia ligera. Nos dirigimos hacia el río. En definitiva, es la ruta más interesante para este sábado, aunque, por otra parte, tampoco es inusual.  Ya sabemos que desde ayer algunas zonas de Pamplona y los alrededores se han inundado. El puente de San Pedro tiene un buen pico de cota, las pasarelas del club Natación  no se ven ni por asomo porque el Arga baja un volumen de agua propio de las riadas. Por el paseo del río nuestras zapatillas se ahogan por los charcos, hay zonas por donde no se puede pasar. Los árboles del cauce solo dejan ver las ramas desnudas y el rumor de la corriente, a veces, se convierte en estruendo. Hablamos de lo humano y lo divino, yo entro poco en la conversación, llevo el impermeable empapado y la capucha tan cerrada que no se me ve sino la nariz y la barbilla. Subimos la cuesta   que va de Burlada al polígono de Areta. Se nos han distanciado algo. Voy con mi amigo Fausto tranquilamente hablando. Luego subiremos a un depósito  -parece un depósito- desde el que se divisa muy bien el parque que hay entre Mendillorri y Burlada. Álvaro saca unas fotografías al “puente viejo”. Es una buena referencia del temporal. La riada  cubre casi al completo sus arcos, parece que sus ojos están medio cerrados. En esta zona, por unos momentos escampa  y sale el sol inmaculado;  puedo quitarme la capucha y quedarme con mi gorro de lana. Enseguida alcanzaremos Pamplona. Al llegar, empieza a nevar. Vuelvo a casa con alegría y con mucha agua, sólo es cuestión de una ducha, un buen almuerzo y por delante un feliz día.

     Mañana será peor. Los pronósticos hablan de nieve. A ver quiénes son los valientes que salen: Yo no.

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